Yo quiero amarte allí,
en la quietud del subconsciente de tu alma
donde se enarbola la pureza del amor...
Yo quiero amarte allí,
donde la calma engendró la más sublime de las pasiones
¡quiero amarte!
Donde la alegria
que vive en la esencia de tus silencios
sea la fuente de la cual emana
la savia que nutre el inmenso oceano
de mis ganas de amarte.
Sí.
Yo quiero amarte allí,
en la quietud del subconsciente de tu alma...
¡QUIERO AMARTE!
Miro y miro tus canas,
cicatrizadas de tanto pensar y me estremezco
porque descubro los secretos de la otra orilla
y del canto a la vida.
Sonrio a la luz de tu sonrisa
porque es el latir de la siempre viva esperanza del amor...
Toco tu DOLOR sin ganas en medio de los cafetales
pero tiemblo ante el rocio de tus labios y
callo a la vez que lloro por dentro ante la luz de tus ojos, bella Guinea,
Luz de luz,
luz del cielo, hechizo de luz, luz de guinea.
Acaricio tu boca y
siento el frescor y el latir de la selva en mi mejilla
Me arrodillo en tu río mientras contemplo las aguas cristalinas
que mecen tus penas
blanquinegras de tanto pensar y me estremezco
porque descubro los secretos de la otra orilla:
son poemas a la luz de la luz,
luz del cielo, hechizo de luz, luz de guinea.
Ma-djing-wua.
Yo
quiero ser
la rosa de los vientos
para surcar los pétalos de tu boca
cada instante,
sin salirme del aire
para no despeinar la luz de tu pelo.
Yo
quiero ser
el ombligo de tu vientre
para sentir las caricias del sol naciente
que moran en tí,
incesantes,
pero siendo libre,
sin salir del arco de tu cielo.
Yo
quiero alimentarme
en tu jardín,
sorbiendo el néctar
de la reina de las fragancias florales...
que habitan en el placer inmenso de tu boca,
hasta embriagrame del río de donde emanan
tus secretos de mujer...
Yo
quiero beber
de esos placeres,
que convulsionaron el equilibrio de mi ser,
que dejó de ser, el ser que quiere ser
al ser-desde ayer-la rosa de los vientos
que surcan tus pétalos,
besando tu boca,
en cada instante
Quiero
ser el aire
que lleva tus suspiros
al palacio de la felicidad,
muy cerca del cielo,
de la bocana azul
de mi puerto volcánico.
suavemente, apasionadamente
suavemente, apasionadamente...
dulcemente, lentamente, APASIONADAMENTE...
Quiero
ser igual, que la pluma liviana,
de un ave del paraiso,
para posar suavemente
-sin despertar tus miedos-
en el diminuto bonsaï
de tu jardín,
cada noche...
llegar adentro
y buscar el centro,
de tu sueño inconfesable...
suavemente, apasionadamente,
suavemente, APASIONADAMENTE...
Quiero
ser el ciclón, que remueva,
con la fortaleza de mil caballos,
los acantilados
de tu pasión,
y controlar la respiración,
del valle de tus secretos,
mar adentro
dentro, dentro...
buscando el norte, de la flor de loto,
suavemente, apasionadamente,
suavemente, lentamente, APASIONADAMENTE...
ESTRIBILLO
Quisiera,
morir en tus labios...
mar adentro.
Tu boca,
siempre tu boca...
en mi mente.
Quisiera,
morir besando...
la esencia de tu boca
tus labios, labios, labios...
siempre tus LABIOS...
Esas canas, que le dan luz al color de tu pelo
hirieron de muerte mi soledad
que vivía en libertad hasta entonces.
Esa luz
atrajo el silencio de mi parquedad
que vivía sola en la terquedad de la soledad
Esa luz,
blanca luz, blancura canosa,
atrajo también las aguas del río
que bordea la orilla de mi alma, donde habita el sentir vacío
hiriéndolo de muerte
y dando a luz la esperanza de mis ganas de amar...
Yo creo, AMOR,
que tú has nacido de nuevo en mí,
con la luz brillante de tus canas,
que han herido de muerte para siempre
mis ganas de vivir en soledad.
Exuperancia,
Pozal de sombras
negra esencia...
El silencio...
de tu silencio
se hace visible a tu lado,
se hace audible;
por la sola presencia
de una taza con su viso de Sol
y su pozal de sombra.
Exuperancia,
negra esencia
no muerdas tu silencio visible
callar de ébano,
callar de una diosa
néctar del escándalo
Exuperancia,
Exuperancia,
tierra de nadie
esencia mágica
silencio del silencio...
Ella no miraba la guayaba...
porque su mirada se posó
sobre las alas del ruiseñor
que cantaba, entre los cafetales, al hechizo del amor.
Ella no miraba la guayaba
No, no, no miraba la guayaba, VOLABA
sobre las alas de aquel ruiseñor
que cantaba, entre los cafetales, al hechizo del amor.
Volaba, volaba
volaba, volaba
entre los cafetales, volaba...
Un fuerte golpe del viento
puede dispersar las nubes y
revelar el Sol resplandeciente,
el cielo anchuroso...
Una mirada
(la tuya)
puede desnudar mi intimidad
haciendo estallar
las verguenzas de mi pasión tremenda.
Te quiero,
te quiero,
te quiero...
Tú eres mi lazo viviente con la verdad,
mi maestra del AMOR...
Ver tu rostro,
me conecta automáticamente
con la inspiración de mil poemas,
la verdad del deseo,
verdad de tu propia naturaleza de ébano.
Te quiero, GUINEA.
Yo nací en Basacato,
donde morían los ríos,
en mis sueños de infancia.
Aquellos ríos, mataron la primavera
-si es que existió-
de mis primeras ilusiones,
pequeñas emociones.
Por eso, cuando llegué a Alicante
busqué a aquellos ríos
que mataron mi primavera
-que no existió-
y encontré en la frente callada
del Mediterráneo
a otros ríos, miles de ríos,
gente, mucha gente,
tanta gente que
abracé a Alicante,
me enamoré de ella,
enmedio de la gente
y la llamé BASACATO,
del mar Mediterráneo...
En su corazón llovía
en sus sienes amanecía,
pero
la amargura de su niñez
dejaba entrever una rosa
surcada de penas...
(dagas hacia dentro)
Es la historia
de Don Juan Diez Pascual de la Bonanza,
mi padre,
que falleció en noviembre,
sin ver cumplido su sueño...
porque enfermó de muerte,
el primer martes de septiembre.
Por eso,
murió.
Se fué con sus ríos apenados
que surcaban su frente
en Noviembre,
(mes maldito)
siendo septiembre...
la culpable de las noches sin Luna,
(mis y mil y una noches en desvelo)
y los amaneceres sin día...
(mis mil y un amaneceres... sin día)
de mi alma sin alma...
desde noviembre del 93.
(maldito noviembre)
Y,
ahora veo caer las hojas,
desde el cielo de abajo...
buscando la bocana del puerto,
y, arribando en su canoa de bambú,
al mar de arriba...
el mar
que robó las gaviotas
del atardecer de mi vida.
Escucho,
desde la inmensidad
el llanto amargo de las hojas;
distingo en el llantar
de la música muerta
la voz triste de una sola gota...
yerta por el ayer
Y,
a continuación...
escucho el mar,
(olvido las hojas)
veo de repente, a lo lejos, en el infinito,
la gota aquella,
que colmó mi desdicha;
creció y se hizo una mar de gotas
que al caer rompieron el firmamento
de mi corazón dolorido
¿Porqué caen así... solas?
¿Porqué mueren así...secas?
¿Porqué navegan yertas, heladas, en su canoa de bambú?
Hojas,
gotas rotas,
secas,
muertas...
¡matasteis mi corazón dolorido...!
en Septiembre.
Macho, macho ibérico,
dicen de tí, que apareces y desapareces como el Sol,
y que en primavera
organizas sinuosos y suntuosos cortejos nupciales.
Tú marcas el ritmo del combate a muerte
y de las estaciones, a veces,
y con la afilada faltaca sacrificas el alma de la lluvia, cuando puedes,
en visperas del solsticio de verano,
porque tú eres fuego,
cuando guerreas y matas a aquellos que osaron provocar tu ira.
Macho ibérico,
el hijo varón del dios de las deidades,
la fuerza salvaje de la fuerza,
porque sólo tú eres la verdadera fuerza, sólo tú hombre,
hasta cuando caes en la batalla sangrienta
Tú,
la mano que sostiene el Mundo
porque marcas a tu libre albedrío
el extraño rumbo de las constelaciones
a lomos de tu caballo.
Entonces y ahora.
Durbed,
genio lujurioso.
Tú rompiste las cadenas del miedo
con la fuerza de tu aura esbelta
Con tus inmensas ganas,
perforaste la luz de donde nace el vigor de tu mágica hombría.
A Tullonío, llevaste a navegar por el río
aunque luego se fué, porque hizo frío.
Pero tú, macho entre machos,
genio entre genios,
encadenaste la vergüenza
en la oscuridad de aquel terrible augurio,
quizá, en la noche de los tiempos
en las que el amor era libre
(entre genios iguales)
Y ahora ¿dónde está tu poder?
¿Dónde está tu vigor?
¿Dónde está la luz de tus ganas?
¿Adónde se fué Tullonio?
Habidis fué su nombre.
Mitad dios, mitad hombre.
Un héroe, el más grande Rey de los Curetes.
Un régulo fuerte y ágil que condujo a su pueblo
con la sabiduría de sus canciones llenas de lirismo,
sin derramar ninguna gota de sangre,
a descollar sobre el resto de sus contemporáneos.
HABIDIS, te queremos para siempre con nosotros.
Danos tu arte y tus dotes en recuerdo de tu memoria.